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Wednesday, August 24, 2016

CASTELLANO -- Daniele Ganser: LOS EJÉRCITOS SECRETOS DE LA OTAN (IX) -- La guerra secreta en Portugal


LOS EJÉRCITOS SECRETOS DE L’OTAN (IX)

La guerra secreta en Portugal

El Gladio tenía una base eficaz en el Portugal de Salazar. Aunque su funcionamiento se conoce sólo de forma indirecta, a través de las investigaciones italianas, el historiador Daniele Ganser ha logrado determinar el papel que desempeñó el Gladio en Portugal y en las colonias africanas de ese país. El Gladio hizo posible que la OTAN, lejos de conformarse con asesinar a los opositores de Salazar, atacara también a líderes revolucionarios de primera línea, como Amílcar Cabral.
 | BASILEA (SUIZA)  

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António de Oliveira Salazar (1889-1970) y el generalísimo Francisco Franco (1892-1975), dos aliados del Reich nazi recuperados por la OTAN para luchar contra el comunismo.
En mayo de 1926, el general Manuel Gomes da Costa tomó el poder en Portugal mediante un golpe de Estado, derogó la Constitución, disolvió el parlamento e instauró la dictadura. Años más tarde, el dictador Salazar tomó las riendas del país. Salazar apoyó a Franco durante la Guerra Civil española, proporcionándole tropas y armamento. Salazar y Franco se aliaron para garantizar a Hitler y Mussolini la neutralidad de toda la península ibérica, facilitando así considerablemente el accionar de estos últimos en el frente del este. Los cuatro dictadores estaban de acuerdo sobre la necesidad de combatir y erradicar el comunismo en la Unión Soviética y en sus respectivos países.
Al salir victoriosa la URSS de la Segunda Guerra Mundial y como resultado de la derrota de Hitler y de Mussolini, en 1945 Salazar y Franco se vieron en una posición delicada. Pero los Estados Unidos del presidente Truman se lanzaron entonces en una guerra mundial contra el comunismo y los dos dictadores de la península ibérica obtuvieron así el silencioso apoyo de Washington y de Londres. A pesar del apoyo de Salazar al golpe de Estado de Franco y de su alianza con las potencias del Eje, Portugal fue autorizado en 1949 a figurar –para sorpresa de muchos– entre los miembros fundadores de la OTAN. Vino después un reinado de cerca de 40 años, prácticamente sin contraparte, hasta que el fallecimiento de Salazar, en 1970, permitió al fin el comienzo de una transición hacia la democracia en Portugal y la integración de ese país a la Unión Europea.

De forma similar a lo que pudo verse en las dictaduras latinoamericanas de extrema derecha y bajo el régimen autoritario de Franco, el pueblo portugués se encontraba bajo la permanente vigilancia de un aparato de seguridad que operaba desde la sombra y fuera de todo marco legal definido por el parlamento. Las maniobras sucias contra la oposición en general y contra los comunistas fueron numerosas bajo el régimen de Salazar. Los encargados de dichas operaciones eran diversos servicios y órganos, como la tristemente célebre Policia Internacional e de Defensa do Estado (PIDE), los servicios secretos militares portugueses.
Como las organizaciones de extrema derecha y las operaciones especiales que tuvieron lugar bajo la dictadura de Salazar nunca se investigaron profundamente, sus vínculos con la red stay-behind anticomunista de la OTAN siguen siendo nebulosos. La existencia en Portugal de ejércitos secretos vinculados a la CIA y la OTAN se reveló por vez primera en 1990, como resultado del descubrimiento del Gladio italiano. «En Portugal, una radio lisboeta ha reportado que células de una red asociada a la Operación Gladio fueron utilizadas en los años 1950 para apoyar la dictadura de extrema derecha del Dr. Salazar», pudo leerse entonces en la prensa internacional [1]. Cinco después, el autor estadounidense Michael Parenti escribió, aunque sin identificar sus fuentes, que agentes del Gladio habían «ayudado a consolidar el régimen fascista en Portugal» [2].
Más exactamente, la prensa local reveló en 1990 que el ejército secreto de Portugal existía y que se identificaba en clave como «Aginter Press». Con el titular «“Gladio” operaba en Portugal», el diario portugués O Jornal anunció a una población estupefacta que «La red secreta, concebida en el seno mismo de la OTAN y financiada por la CIA [,red] cuya existencia acaba de ser revelada por Giulio Andreotti, disponía de una rama en Portugal, activa en los años 1960 y 1970. Se llamaba “Aginter Press”» y estuvo posiblemente implicada en asesinatos cometidos en territorio portugués así como en las colonias de Portugal en África [3].
Aginter Press no tenía absolutamente nada que ver con la prensa. Aquella agencia no se encargaba de imprimir libros o folletos de propaganda anticomunista sino de entrenar terroristas de extrema derecha y se dedicaba a la ejecución de trabajos sucios y operaciones clandestinas dentro y fuera de Portugal. Tan misteriosa como violenta, aquella organización contaba con el respaldo de la CIA y actuaba bajo las órdenes de cuadros de la extrema derecha europea que reclutaban militantes fascistas con ayuda de la PIDE. La investigación del Senado italiano sobre Gladio y el terrorismo permitió determinar que Aginter Press había entrenado a algunos de los extremistas italianos. Mientras los portugueses se enteraban de que una subdivisión de Aginter Press bautizada como «Organización Armada contra el Comunismo Internacional» también había operado en Italia, los senadores italianos descubrieron que la organización Aginter Press había recibido apoyo de la CIA y que la dirigía el capitán Yves Guillon, más conocido bajo el seudónimo de Yves Guerain-Serac, especialista en operaciones clandestinas a quien Estados Unidos había conferido varias condecoraciones militares, como la American Bronze Star, por su participación en la guerra de Corea. «Según indican los resultados de la investigación criminal», concluía el informe italiano sobre la investigación, «Aginter Press era una central de inteligencia vinculada a la CIA y a los servicios secretos portugueses y especializada en operaciones provocadoras» [4].
Mientras el gobierno portugués hacía todo lo posible por no abrir una investigación sobre la sombría historia de Aginter Press y de la guerra secreta, la Comisión senatorial italiana proseguía sus propias investigaciones. En 1997, la Comisión senatorial italiana escuchó la comparencia del juez Guido Salvini. Verdadero experto en lo tocante al terrorismo de extrema derecha, este magistrado examinó detalladamente los documentos disponibles sobre Aginter Press. El senador Manca le preguntó: «¿La CIA americana es, en su opinión, directamente responsable de las operaciones que realizó Aginter Press?». A lo que el juez respondió: «Senador Manca, está usted planteando una interrogante muy importante». Debido a lo delicado de su respuesta, el juez pidió entonces que se le permitiera expresarla en privado. Se le permitió hacerlo y, a partir de aquel momento, todos los documentos fueron clasificados como confidenciales [5].
En público, el juez Salvini explicó que es «difícil dar una definición exacta sobre qué es Aginter Press». No obstante, hizo un intento de describirla: «Es una organización que, en numerosos países, sobre todo en Italia, inspira y respalda los planes de grupos cuidadosamente escogidos que actúan según procedimientos definidos contra una situación que han decidido combatir.» El ejército anticomunista secreto de la CIA conocido como Aginter Press opera, prosiguió el juez Salvini, «en función de sus objetivos y de sus valores, que son esencialmente la defensa de Occidente contra una probable e inminente invasión de Europa por las tropas de la URSS y de los países comunistas» [6]. También según el juez italiano, el ejército secreto portugués ejercía, como la mayoría de las demás redes de Europa Occidental, una doble función. La red stay-behind se entrenaba secretamente para una posible invasión soviética y, en espera de aquella invasión, arremetía contra los movimientos políticos de izquierda siguiendo para ello estrategias de lucha clandestina puestas en práctica en varios países de Europa Occidental.
Aunque muchos de sus miembros ya habían prestado servicios en diferentes grupúsculos anticomunistas en años anteriores, Aginter Press no se fundó oficialmente en Lisboa hasta septiembre de 1966. Sus fundadores y la CIA se sentían al parecer más motivados por las posibilidades de acción interna que por el temor de una hipotética invasión soviética. La fundación se produjo, en efecto, en medio de un periodo que se caracterizó por las manifestaciones de izquierda contra la guerra de Vietnam y en rechazo al apoyo de Estados Unidos a las dictaduras de extrema derecha en Latinoamérica y Europa, específicamente en Portugal. El dictador Salazar y su policía, la PIDE, temían sobre todo que aquel movimiento social fuese capaz de desestabilizar su régimen, así que recurrieron a Aginter Press para contrarrestarlo.
La mayoría de los soldados de la sombra reclutados por la CIA para nutrir la filas del ejército secreto ya habían combatido en África y en el sudeste asiático, donde habían tratado de impedir inútilmente la independencia de las antiguas colonias. El propio director de Aginter Press, el capitán Yves Guerain-Serac, ferviente católico y ardiente anticomunista reclutado por la CIA, era un ex oficial del ejército francés que había vivido la derrota de Francia ante el Reich en la Segunda Guerra Mundial. También había participado en la guerra de Indochina (1946-1954), en la guerra de Corea (1950-1953) y en la guerra de Argelia (1954-1962). Había sido miembro de la famosa 11ª Semibrigada Paracaidista de Choque, unidad encargada del trabajo sucio bajo el mando del SDECE, el servicio de inteligencia de Francia, que a su vez también estaba vinculado a la red stay-behind conocida en Francia como Rose des Vents. Guerain-Serac había fundado, en 1961 y con otros oficiales del 11º de Choque, la Organización del Ejército Secreto (OAS), que luchó por mantener Argelia bajo la dominación francesa y trató de derrocar al general De Gaulle para instaurar en Francia un régimen autoritario anticomunista.
Después de la independencia de Argelia, en 1962, y de la disolución de la OAS, los ex oficiales del ejército secreto, entre los que se encontraba Guerain-Serac, seguían estando en grave peligro. Así que huyeron a Argelia y, a cambio de asilo, ofrecieron a los dictadores de Latinoamérica y Europa su gran experiencia en materia de guerra secreta, de operaciones clandestinas, de práctica del terrorismo y del contraterrorismo [7]. Esta diáspora de la OAS vino a fortalecer las organizaciones terroristas de extrema derecha en numerosos países. En junio de 1962, Franco recurrió a las habilidades de Guerain-Serac y lo incorporó a las acciones del ejército secreto español contra la oposición. De España, Guerain-Serac pasó posteriormente a Portugal, país que él veía como el último imperio colonial y principalmente como el último bastión contra el comunismo y el ateismo. Como perfecto soldado de la guerra fría, Guerain-Serac ofreció sus servicios a Salazar: «Los demás depusieron las armas. Yo no. Después de la OAS, huí a Portugal para continuar la lucha y extenderla a su verdadera escala – o sea, a la escala planetaria.» [8]
En Portugal, Guerain-Serac se vinculó a extremistas franceses y a los renegados de la OAS. Jacques Ploncard d’Assac, un ex partidario de Petain, lo introdujo en los círculos fascistas y le presentó a los miembros de la PIDE. Debido a su gran experiencia, Guerain-Serac fue reclutado como instructor de la Legiao Portuguesa y de las unidades de contraguerrilla del ejército portugués. En ese contexto creó, con ayuda de la PIDE y de la CIA, la ya mencionada Aginter Press, un ejército anticomunista ultrasecreto. Aginter Press creó sus propios campos de entrenamiento, donde los mercenarios seguían un programa de 3 semanas de formación para la realización de operaciones secretas que incluían particularmente técnicas de atentados con bombas, asesinatos silenciosos, métodos de subversión, de comunicación clandestina, de infiltración y de guerra colonialista.
Junto a Guerain-Serac, el terrorista de extrema derecha Stefano Delle Chiaie también participó en la fundación de Aginter Press. «Actuamos contra los comunistas, contra la burguesía establecida y la democracia que nos había privado de nuestra libertad. Así que no teníamos otro remedio que acudir a la violencia», explicó más tarde Delle Chiaie. «Nos consideraban criminales pero en realidad éramos víctimas de un movimiento liberal antifascista. Queríamos divulgar nuestras ideas, queríamos que nos oyeran en el mundo entero.» A mediados de los años 1960, Delle Chiaie, quien tenía por entonces 30 años, fundó con Guerain-Serac, y con el apoyo de la CIA, el ejército secreto Aginter Press. «Con uno de mis amigos franceses [Guerain-Serac] decidí entonces [en 1965] fundar la agencia de prensa Aginter Press para dotarnos de medios para defender nuestras ideas políticas.» [9] Durante los siguientes años, Delle Chiaie se convirtió quizás en el elemento más sanguinario de la guerra secreta. En Italia, participó en golpes de Estado y atentados, como el de la Piazza Fontana, en 1969, y, con el nazi Klaus Barbie, conocido como «el carnicero de Lyon», ayudó a consolidar el poder de los dictadores sudamericanos [10].
«Nuestros efectivos se componían de dos tipos de hombres: 1) oficiales que se unieron a nosotros después de haber luchado en Indochina y en Argelia, e incluso algunos que se enrolaron después de la batalla de Corea», explicó el director de Aginter Press, Guerain-Serac en persona, «2) intelectuales que durante aquel mismo periodo se interesaron en el estudio de las técnicas de subversión marxista». Esos intelectuales, como señaló, habían formado grupos de estudio y compartían sus experiencias «para tratar de estudiar las técnicas de la subversión marxista y crear las bases de una contratécnica». La batalla, no le cabía duda de ello, tenía que desarrollarse en numerosos países: «Durante aquel periodo establecimos contactos sistemáticos con grupos que tenían ideas cercanas a las nuestras que aparecieron en Italia, Bélgica, Alemania, España y Portugal, con vistas a constituir el núcleo de una verdadera Liga Occidental de Lucha contra el Marxismo» [11].
Procedentes directamente de varios teatros de operaciones, muchos de los soldados de la sombra, y sobre todo sus instructores, como Guerain-Serac, no conocían mucho los métodos de solución pacífica de conflictos ni sentían aprecio por ellos. El propio director de Aginter Press estaba convencido, como muchos otros, de que la lucha contra el comunismo en Europa Occidental implicaba necesariamente el uso del terrorismo: «En la primera fase de nuestra actividad política, tenemos que sembrar el caos en todas las estructuras del régimen», declaró sin precisar a qué país se refería. «Dos formas de terrorismo permiten obtener ese tipo de resultado: el terrorismo ciego (a través de atentados contra gran número de civiles) y el terrorismo selectivo (a través de la eliminación de personalidades seleccionadas).» En ambos casos, había que atribuir a la izquierda el atentado secretamente perpetrado por la extrema derecha, como subrayó el campeón e ideólogo del terrorismo anticomunista: «Esos ataques contra el Estado deben presentarse, siempre que sea posible, como “actividades comunistas”». Los atentados terroristas de los ejércitos secretos se concebían como medio de desacreditar el régimen establecido y obligarlo a inclinarse a la derecha: «Después, tenemos que intervenir en el corazón del aparato militar, del poder judicial y de la Iglesia, para influir en la opinión pública, proponer una solución y demostrar claramente la debilidad del arsenal jurídico actual (…) Hay que polarizar la opinión pública de manera tal que nos vean a nosotros como el único instrumento capaz de salvar la nación. Parece evidente que vamos a necesitar medios financieros considerables para realizar con éxito esas operaciones.» [12]
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Humberto Delgado, el «general sin miedo», se presenta a la elección presidencial portuguesa de 1958. Resulta derrotado mediante un gigantesco fraude electoral y se ve obligado a huir a Argelia. Es asesinado, en 1965, por un comando de la PIDE preparado por el Gladio, bajo las órdenes de Rosa Casaco.
La CIA y la PIDE, los servicios secretos militares de Salazar, se encargaron de proporcionar los fondos necesarios a la empresa terrorista del capitán Guerain-Serac. En un documento interno de Aginter Press, titulado «Nuestra Actividad Política», fechado en noviembre de 1969 y descubierto a fines de 1974, el propio Guerain-Serac describe cómo un país puede ser blanco de una guerra secreta: «Nuestra convicción es que la primera fase de la actividad política debe consistir en crear las condiciones favorables para imponer el caos en todas las estructuras del régimen». Como elemento esencial de esa estrategia, había que atribuir a los comunistas los actos de violencia cometidos y cada pista tenía, por supuesto, que llevar a esa misma conclusión. «Pensamos que, en un primer tiempo, hay que destruir la estructura misma del Estado democrático bajo la fachada de actividades comunistas o prochinas.» El documento insistía después en la necesidad de penetrar los grupos de militantes de izquierda para manipularlos mejor: «Además, disponemos de hombres infiltrados en esos grupos lo cual nos permitirá actuar incluso sobre la ideología del medio a través de acciones de propaganda y de otro tipo, realizadas de manera tal que parezcan ser obra de nuestros adversarios comunistas.» Ese tipo de acciones bajo bandera falsa, concluía aquel plan de acción, «crearán un sentimiento de hostilidad en contra de quienes amenazan la paz de cada una de nuestras naciones», entiéndase contra los comunistas [13].
Durante la primera fase de su plan, los oficiales, mercenarios y terroristas de Aginter Press se dedicaron a debilitar y liquidar las facciones de guerrilleros que luchaban por la independencia de las colonias portuguesas. A mediados de los años 1960, el primer teatro de operaciones de la organización no fue por lo tanto Europa sino África, donde el ejército portugués luchaba contra varios movimientos independentistas. Aginter desplegó sus responsables de operaciones en los países limítrofes del África portuguesa. «Sus objetivos incluían la eliminación de los líderes de los movimientos de liberación, la infiltración, el establecimiento de redes de informantes y de agentes provocadores y el uso de falsos movimientos de liberación.» [14] Aquellas guerras secretas se desarrollaban en coordinación con la PIDE y con otros servicios del gobierno portugués. «Aginter mantenía correspondencia escrita con la PIDE en el marco de sus operaciones especiales y de sus misiones de espionaje.» [15]
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El líder del Partido Africano da Independencia da Guiné e Cabo Verde (PAIGC), Amílcar Cabral, soñaba con liberar Guinea y Cabo Verde del colonialismo portugués y fusionar ambos territorios en un solo Estado soberano y socialista. Fue asesinado por el Gladio en 1973.
Entre las importantes personalidades víctimas de los asesinatos que orquestó Aginter Press en Portugal y en las colonias portuguesas figuran probablemente Humberto Delgado, líder de la oposición portuguesa; Amílcar Cabral, una de las figuras emblemáticas de la revolución africana; y Eduardo Mondlane, líder y presidente del Frente de Liberaçao de Moçambique (FRELIMO), asesinado en febrero de 1969 [16]. A pesar de la violencia de los métodos empleados, Portugal no logró impedir que sus colonias alcanzaran la independencia. Goa fue incorporada a la India en 1961. Guinea Bissau alcanzó la independencia en 1974. Angola y Mozambique lo hicieron en 1975 y, aquel mismo año, Indonesia invadió Timor Oriental.
Paralelamente a aquellas guerras colonialistas, Aginter Press desempeñó también un importante papel en las guerras secretas contra los comunistas de Europa Occidental. Los documentos disponibles sobre los ejércitos stay-behind de la OTAN y la guerra clandestina parecen indicar que la organización lisboeta fue responsable de más violencia y más asesinatos que cualquier otro ejército secreto del viejo continente. Sus soldados de la sombra tenían una mentalidad diferente y actuaban en según esa mentalidad. Contrariamente a sus colegas del P26 suizo o del ROC noruego, participaban en verdaderas guerras abiertas en las colonias portuguesas y mataban en serie bajo las órdenes de un capitán que, con una experiencia adquirida en Indochina, Corea y Argelia, no concebía otra forma de acción que la violencia.
El crimen de los soldados de la sombra cometido en nombre de la lucha contra el comunismo sobre el que tenemos la mayor cantidad de información es probablemente el atentado de la Piazza Fontana, que estremeció Roma, la capital política de Italia, y Milán, su capital industrial, poco antes de la Navidad, el 12 de diciembre de 1969. Aquel día, 4 bombas estallaron en esas dos ciudades matando indiscriminadamente a 16 civiles, en su mayoría campesinos que llegaban a la Banca Nazionale Dell’Agricultura de Milán para depositar sus modestos ingresos de un día de mercado. Ochenta personas resultaron heridas y mutiladas. Una de las bombas de la Piaza Fontana no llegó a estallar debido a una falla del mecanismo de relojería, pero los agentes del SID y de la policía que llegaron al lugar de los hechos se apresuraron a destruir los indicios comprometedores haciéndola estallar también. La ejecución de aquel atentado obedecía exactamente a las estrategias de la guerra secreta definidas por Guerain-Serac. Los servicios secretos militares italianos atribuyeron aquel acto a la extrema izquierda, llegando incluso a plantar componentes de un artefacto explosivo en la residencia del editor Giangiacomo Feltrinelli, conocido por sus opiniones de izquierda, y arrestaron de paso a numerosos comunistas [17].
Un informe interno del SID, clasificado como confidencial y fechado el 16 de diciembre de 1969, expresaba ya en aquel momento que existían sospechas de que los atentados de Roma y Milán eran obra de la extrema derecha con el apoyo de la CIA [18]. Sin embargo, se hizo pensar a la opinión pública que los comunistas italianos, muy influyentes en aquella época, habían decidido recurrir a la violencia para conquistar el poder. En realidad, los responsables de aquellos atentados eran probablemente las organizaciones fascistas Ordine Nuovo y Avanguardia Nazionale, que actuaban en estrecha colaboración con los ejércitos stay-behind. El militante de extrema derecha Guido Giannettini, quien estuvo directamente implicado en los atentados, era un cercano colaborador de la organización portuguesa Aginter Press. «La investigación confirmó que habían existido efectivamente vínculos entre Aginter Press, Ordine Nuovo y Avanguardia Nazionale», anunció el juez Salvini a los miembros de la comisión investigadora del Senado. «Se observa claramente que Guido Giannettini estaba en contacto con Guerain-Serac en Portugal desde 1964. Se ha comprobado que instructores de Aginter Press (…) viajaron a Roma entre 1967 y 1968 y que allí entrenaron a los miembros de Avanguardia Nazionale en el manejo de explosivos.» Basándose en los documentos disponibles y en testimonios recogidos, el juez Salvini concluyó que Aginter Press, fachada de la CIA, había desempeñado un papel decisivo en las operaciones clandestinas secretas realizadas en Europa Occidental y había emprendido una serie de atentados muy sangrientos con vistas a desacreditar a los comunistas italianos [19].
Estos hechos fueron confirmados en marzo de 2001 por el general Giandelio Maletti, ex jefe del contraespionaje italiano, quien compareció como testigo en el juicio contra varios militantes de extrema derecha acusados de haber provocado la muerte de 16 personas en los atentados de la Piazza Fontana. El general Maletti declaró ante el tribunal de Milán que «La CIA, siguiendo las directivas de su gobierno, quería hacer surgir un nacionalismo italiano capaz de contrarrestar la inclinación del país hacia la izquierda y, con esa perspectiva, no es imposible que haya recurrido a los terroristas de extrema derecha». Aquel importante testimonio equiparaba a la CIA con una organización terrorista. «No olviden que quien estaba al mando en aquella época era Nixon», recordó el general, «y Nixon no era un tipo cualquiera, [era] un político muy hábil pero [también era] un hombre de métodos poco ortodoxos» [20]. El juez italiano Guido Salvini confirmó que todas las pistas conducían a «un servicio de inteligencia extranjero». «Cuando habla de “servicio de inteligencia extranjero”, ¿usted quiere decir la CIA?», insistieron los periodistas italianos, a quienes Salvini dio esta prudente respuesta: «Podemos afirmar que sabemos perfectamente quién participó en la preparación de los atentados y quién estaba sentado a la mesa cuando se dieron las órdenes. Eso es irrebatible.» [21]
No satisfecho con luchar contra el comunismo en Italia, el capitán Guerain-Serac estaba firmemente decidido a expandir la lucha a escala mundial. Para ello, varios agentes de Aginter, como el estadounidense Jay Sablonsky, participaron junto a la CIA y los Boinas Verdes en la tristemente célebre contraguerrilla que dejó unos 50 000 muertos en Guatemala, entre 1968 y 1971. Los hombres de Aginter estaban también presentes en Chile, en 1973, donde participaron en el golpe de Estado mediante el cual la CIA derrocó al presidente socialista democráticamente electo Salvador Allende y puso en el poder al dictador Augusto Pinochet [22]. Desde el refugio que le proporcionaba la dictadura de extrema derecha de Salazar, Aginter Press podía enviar sus soldados de la sombra a combatir en numerosos países del mundo entero.
Aquella situación se mantuvo hasta la «Revolución de los claveles» de mayo de 1974, que puso fin a la dictadura y abrió el camino al restablecimiento de la democracia en Portugal. Los soldados de la sombra sabían que la supervivencia de su organización estaba estrechamente ligada a la del régimen totalitario. Cuando supieron que oficiales de izquierda del ejército portugués estaban preparando un golpe que debía dar inicio a la Revolución de los claveles, los agentes de Aginter conspiraron con el general Spinola para eliminar a los centristas portugueses. Planeaban invadir el archipiélago de las Azores para convertirlo en un territorio independiente y utilizarlo como base de retaguardia y trampolín para sus operaciones en el continente.
Al fracasar el proyecto, Aginter fue barrida junto con la dictadura cuando, el 1º de mayo de 1974, los oficiales de izquierda tomaron el poder, poniendo fin a casi 50 años de totalitarismo. Tres semanas después, el 22 de mayo, por orden de los nuevos dirigentes del país, unidades especiales de la policía portuguesa tomaron el cuartel general de Aginter Press, en la Rua des Pracas de Lisboa, para cerrar la siniestra agencia y confiscarlo todos sus medios. Pero, cuando llegaron el local ya estaba vacío. Gracias a sus contactos en los servicios de inteligencia, los agentes de la organización se enteraron a tiempo de la operación y pudieron desaparecer. Ninguno de ellos pudo ser arrestado. En su precipitación, olvidaron sin embargo algunos documentos. Las fuerzas de policía lograron recoger gran cantidad de pruebas que demostraban la responsabilidad de Aginter Press, filial de la CIA, en numerosos actos de terrorismo.
Como la joven democracia portuguesa estaba tratando de acabar con el antiguo aparato de seguridad heredado de la dictadura, disolvió la PIDE, los servicios secretos militares y la Legiao Portuguesa. La «Comisión para el Desmantelamiento de la PIDE y de la Legión Portuguesa» (Comissao de Extinçao da PIDE e da Legiao) descubrió rápidamente que la PIDE, con el concurso de la CIA, había dirigido un ejército secreto llamado Aginter Press. La Comisión solicitó entonces consultar los expedientes sobre Aginter reunidos durante el registro realizado en sus oficinas y que contenían todas las pruebas necesarias. La historia del ejército secreto portugués iba a ser, por primera vez, objeto de una investigación. Pero, de pronto, desaparecieron todos los expedientes. «El dossier “Aginter Press” fue sustraído de la Comisión para el Desmantelamiento de la PIDE y de la Legión Portuguesa y desapareció definitivamente», deploró años más tarde el diario portugués O Jornal en un artículo sobre la red Gladio [23].
¿Cómo pudo suceder aquello? ¿Por qué se mostró la Comisión tan negligente con informaciones tan esenciales? El italiano Barbachetto, quien trabaja para la publicación política milanesa L’Europeo, escribió posteriormente: «Tres de mis colegas estaban presentes cuando se confiscaron los archivos de Aginter. Sólo pudieron fotografiar algunos fragmentos de la considerable cantidad de datos que se recogió aquel día.» Con títulos como «Mafia» o «Contribuyentes financieros alemanes», los documentos confiscados revelaban los nombres codificados de los socios de Aginter. «Los documentos fueron destruidos por el ejército portugués», indicaba Barbachetto. Señalaba además que el ejército portugués «trataba visiblemente de evitar incidentes diplomáticos con los gobiernos italiano, francés y alemán, incidentes que inevitablemente se hubiesen producido de haberse revelado las actividades de Aginter en esos países» [24].
Un nuevo servicio portugués de inteligencia, el SDCI, sustituyó a la PIDE. El SDCI investigó sobre Aginter y concluyó que la siniestra organización había tenido 4 misiones. Primeramente, había servido de «buró de espionaje dirigido por la policía portuguesa y, a través de esta, por la CIA, el BND de Alemania occidental u “Organización Gehlen”, la Dirección General de Seguridad española, el BOSS sudafricano y, posteriormente, el KYP griego». Paralelamente a esa función de obtención de información de inteligencia, Aginter Press había servido también de «centro de reclutamiento y de entrenamiento de mercenarios y terroristas especializados en sabotajes y asesinatos». Según el informe del SDCI, Aginter Press también había sido un «centro estratégico para operaciones de adoctrinamiento de extrema derecha y neofascista en África subsahariana, en Sudamérica y en Europa realizadas en colaboración con regímenes fascistas o asimilados a estos, [y con] conocidas figuras de la extrema derecha y grupos neofascistas activos a nivel internacional». Y por último, Aginter servía de cobertura a un ejército anticomunista secreto, a una «organización fascista internacional bautizada “Orden y Tradición” con su ala paramilitar, la OACI, “Organización Armada contra el Comunismo Internacional”» [25].
A la caída de la dictadura, Guerain-Serac y sus activistas anticomunistas huyeron de Portugal hacia la vecina España. Allí, bajo la protección de Franco, instalaron en Madrid su nuevo cuartel general. A cambio del asilo político, los hombres de Aginter, fieles a su compromiso, se pusieron a la disposición de los servicios secretos españoles para perseguir y eliminar a los dirigentes del movimiento separatista vasco ETA. Prosiguieron sus operaciones clandestinas en el extranjero y trataron de desacreditar al Frente de Liberación Nacional argelino. «Yo puedo citarles otro ejemplo particularmente interesante», declaró el juez Salvini a los senadores italianos y les reveló que, en 1975, desde su base española, los hombres de Guerain-Serac, con ayuda del estadounidense Salby y de extremistas franceses, italianos y españoles, organizaron una serie de atentados que firmaban como SOA, para comprometer a los Soldados de la Oposición Argelina.
«Las bombas fueron instaladas en las embajadas argelinas en Francia, Alemania, Italia y Gran Bretaña» y deterioraron la imagen de la oposición argelina, cuando en realidad «los atentados eran obra del grupo de Guerain-Serac, lo cual da una idea de sus capacidades de disimulación y de infiltración». La bomba instalada ante la embajada argelina en Francfort no llegó a explotar y la policía alemana pudo examinarla minuciosamente. «Para entender las relaciones de Guerain-Serac y Aginter Press basta con observar la complejidad del artefacto explosivo», subrayó el juez Salvini. «Contenía C4, un explosivo utilizado únicamente por el ejército americano, que no se observa en ningún atentado cometido por anarquistas. Repito que era una bomba muy sofisticada. Y Aginter disponía de C4, así que se pueden deducir fácilmente el apoyo que recibía.» [26].
Cuando el régimen dictatorial español se derrumbó, al fallecer Franco el 20 de noviembre de 1975, Guerain-Serac y su ejército secreto se vieron nuevamente obligados a huir. La policía española se tomó con mucha calma la investigación sobre los indicios que Aginter había dejado detrás y no fue hasta febrero de 1977 que realizó un registro en el cuartel general de la organización, en el edificio número 39 de la calle Pelayo, donde descubrió un verdadero arsenal de fusiles y explosivos. Pero Delle Chiaie, Guerain-Serac y sus soldados hacía mucho que habían huido de España hacia Latinoamérica, donde muchos escogieron a Chile como nueva base de operaciones. Guerain-Serac fue visto por última vez en España, en 1997 [27].
El ejército secreto anticomunista portugués dio nuevamente que hablar en 1990, cuando el primer ministro Giulio Andreotti reveló que en Italia y en otros países europeos existían ejércitos stay-behind creados por la OTAN. El 17 de noviembre de 1990, la ola llegaba a Lisboa donde el diario Expresso reportó, bajo el titular «Gladio. Los soldados de la guerra fría» que «el escándalo ha traspasado las fronteras de Italia ya que la existencia de las redes secretas Gladio ha sido confirmada oficialmente en Bélgica, Francia, los Países Bajos, Luxemburgo, Alemania y semioficialmente en Noruega, Dinamarca, Austria, Suiza, Grecia, Turquía, España, Reino Unido y Portugal» [28].
Muy preocupado, el ministro de Defensa portugués Fernando Nogueira declaró públicamente, el 16 de noviembre de 1990, que no tenía conocimiento de la existencia de una rama de la red stay-behind en Portugal y pretendió que ni su ministerio ni el Estado Mayor disponían «de información alguna sobre la existencia o la actividad de una “estructura Gladio” en Portugal» [29]. El periódico portugués Diario De Noticias deploró que «Las lacónicas declaraciones de Fernando Nogueira sean corroboradas, de una u otra manera, por ex ministros de Defensa, como Eurico de Melo y Rui Machete, así como por [el ex ministro de Relaciones Exteriores] Franco Nogueira y el mariscal Costa Gomes, quienes nos han confirmado que no sabían absolutamente nada de este asunto. La misma posición han adoptado parlamentarios de la oposición miembros de la Comisión parlamentaria de de Defensa» [30].
Costa Gomes, que había sido oficial de enlace ante la OTAN, afirmó que nunca tuvo conocimiento de una red clandestina, a pesar de haber «asistido entre 1953 y 1959 a todas las reuniones de la Alianza». Pero reconoció al mismo tiempo que no era imposible que hubiese existido un Gladio portugués con apoyo de la PIDE y de personas que no formaban parte del gobierno. «Esos contactos», explicó Costa Gomes, «si verdaderamente existieron, sólo pudieron funcionar de forma paralela a las estructuras oficiales» y eran para él totalmente desconocidas. De la misma manera, Franco Nogueira, que había sido ministro de Relaciones Exteriores bajo el régimen de Salazar, declaró: «Nunca sospeché la existencia de esa organización. Ni cuando estaba en Relaciones Exteriores y me codeaba con responsables de la OTAN ni posteriormente.» Precisó que, si Gladio había operado en Portugal, «esa actividad habría sido seguramente de conocimiento del Dr. Salazar». Como daba a entender Nogueira, Salazar seguramente habría comunicado esa información al jefe de su diplomacia: «Me cuesta imaginar que esa red haya mantenido vínculos con la PIDE o con la Legiao Portuguesa. Por eso estoy convencido de que ese Gladio nunca existió en nuestro país, aunque, por supuesto, en la vida no hay nada imposible.» [31]
Mientras los representantes del gobierno se negaban a divulgar la menor información sobre la guerra secreta, la prensa portuguesa sólo podía constatar lo que ya era evidente, deplorar que «visiblemente, varios gobiernos europeos [habían] perdido el control de sus servicios secretos» y denunciar la «doctrina de confianza limitada» que la OTAN había adoptado. «Ese tipo de doctrina implica que algunos gobiernos no habrían hecho lo suficiente para combatir el comunismo y que no era por lo tanto necesario mantenerlos informados sobre las actividades del ejército secreto de la OTAN.» [32] Hubo un solo alto oficial del ejército portugués que aceptó revelar partes del secreto bajo condiciones de anonimato. Un general que había estado al mando del Estado Mayor portugués confirmó a un periodista de O Jornal que un «servicio de información paralelo había existido en efecto en Portugal y en las colonias, cuyo financiamiento y control no tenían que ver con las fuerzas armadas sino que dependían del ministerio de Defensa, del ministerio del Interior y del ministerio de Asuntos Coloniales. Además, ese servicio paralelo estaba directamente vinculado a la PIDE y a la Legiao Portuguesa» [33]. No hubo ninguna investigación oficial sobre el tema sino apenas un simple informe parlamentario. El misterio cuya existencia se conoció a través de esas vagas declaraciones sigue por lo tanto sin aclarar.
(Continuará…)
Este artículo es el noveno capítulo del libro Armées secrètes de l’OTAN. © Version française : éditions Demi-lune (2007).
[1] John Palmer, «Undercover NATO Group ’may have had terror links’», publicado en el diario británico The Guardian el 10 de noviembre de 1990.
[2] Michael Parenti, Against Empire (City Light Books, San Francisco, 1995), p.143.
[3] Joao Paulo Guerra, «’Gladio’ actuou em Portugal», publicado en el diario portugués O Jornal el 16 de noviembre de 1990.
[4Senato della Repubblica. Commissione parlamentare d’inchiesta sul terrorismo in Italia e sulle cause della mancata individuazione dei responsabiliy delle stragi: Il terrorismo, le stragi ed il contesto storico politico. Redatta dal presidente della Commissione, Senador Giovanni Pellegrino. Roma 1995, p.204 y 241.
[5Commissione parlamentare d’inchiesta sul terrorismo in Italia e sulle cause della mancata individuazione dei responsabili delle stragi. Sesión 12, 20 de marzo de 1997.
[6Commissione parlamentare d’inchiesta sul terrorismo in Italia e sulle cause della mancata individuazione dei responsabili delle stragi. Sesión 9, 12 de febrero de 1997.
[7] Jeffrey M. Bale, «Right wing Terrorists and the Extraparliamentary Left in Post World War 2 Europe: Collusion or Manipulation?», en la publicación británica Lobster Magazine, n°2, octubre de 1989, p.6.
[8] Semanario francés Paris Match, noviembre de 1974. Citado por Stuart Christie in Stefano delle Chiaie (Anarchy Publications, Londres, 1984), p.27.
[9] Egmont Koch y Oliver Schrom, Deckname Aginter. Die Geschichte einer faschistischen Terror Organisation, p.4. (Ensayo no publicado de 17 páginas. Sin fecha, escrito hacia 1998).
[10] Ver Christie, delle Chiaie, passim.
[11Ibid., p.29.
[12] Este documento fue descubierto, al parecer, en el antiguo buró de Guerain-Serac después de la revolución portuguesa de los claveles. Está incluido en el diccionario del terrorismo en Bélgica de Manuel Abramowicz.
[13] Fragmento de Christie, delle Chiaie, p.32. También aparece en la publicación británica Lobster, octubre de 1989, p.18.
[14Ibid., p.30.
[15] Joao Paulo Guerra, «’Gladio’ actuou em Portugal», publicado en el diario postugués O Jornal el 16 de noviembre de 1990.
[16Ibid. Tambián aparece en Christie, delle Chiaie, p.30.
[17Senato della Repubblica. Commissione parlamentare d’inchiesta sul terrorismo in Italia e sulle cause della mancata individuazione dei responsabiliy delle stragi: Il terrorismo, le stragi ed il contesto storico politico. Redatta dal presidente della Commissione, Senador Giovanni Pellegrino. Roma 1995, p.157.
[18] Los investigadores Fabrizio Calvi y Frédéric Laurent, especializados ambos en el estudio de los servicios secretos realizaron de forma conjunta lo que probablemente constituye el mejor documental sobre el atentado de la Piazza Fontana. Titulado Piazza Fontana: Storia di un Complotto, este documental se transmitió el 11 de diciembre de 1997, a las 20:50 horas, a través del canal público italiano Rai Due. Una adaptación al francés, titulada L’Orchestre Noir: La Stratégie de la tension se transmitió, dividida en dos partes, a través del canal de televisión franco-alemán Arte el martes 13 y el miércoles 14 de enero de 1998 a las 20:45 horas. En dicho documental Fabrizio Calvi y Frederic Laurent interrogan a gran cantidad de testigos, entre los que se encuentran varios jueces que investigaron el caso durante años, como Guido Salvini y Gerardo D’Ambrosio; activistas fascistas como Stefano Delle Chiaie, Amos Spiazzi, Guido Giannettini, Vincenzo Vinciguerra y el capitán Cabruna, el ex primer ministro Giulio Andreotti, y ex miembros de la CIA, como Victor Marchetti y Marc Wyatt.
[19Commissione parlamentare d’inchiesta sul terrorismo in Italia e sulle cause della mancata individuazione dei responsabili delle stragi. Sesión 9, 12 de febrero de 1997.
[20] Philip Willan, «Terrorists ’helped by CIA’ to Stop Rise of Left in Italy», publicado en el diario británico The Guardian el 26 de marzo de 2001. Willan es un especialista en intervenciones estadounidenses en Italia. Es autor de un libro extremadamente interesante titulado Puppetmasters. The Political Use of Terrorism in Italy (Constable, Londres, 1991).
[21] Diario italiano La Stampa, 22 de junio de 1996.
[22] Peter Dale Scott, «Transnational Repression: Parafascism and the US», en la publicación británica Lobster Magazine, n°12, 1986, p.16.
[23] Joao Paulo Guerra, «’Gladio’ actuou em Portugal», publicado en el diario portugués O Jornal el 16 de noviembre de 1990.
[24] Koch y Schrom, Aginter, p.8.
[25] Fragmento de Christie, delle Chiaie, p.28.
[26Commissione parlamentare d’inchiesta sul terrorismo in Italia e sulle cause della mancata individuazione dei responsabili delle stragi. Sesión 9, 12 de febrero de 1997.
[27] Koch y Schröm, Aginter, p.11-12.
[28] Diario portugués Expresso, 17 de noviembre de 1990.
[29] Diario portugués Diario de Noticias, 17 de noviembre de 1990.
[30] No se especifica autor, «Ministro nega conhecimento da rede Gladio. Franco Nogueira disse ao DN que nem Salazar saberia da organizacao», publicado en el diario portugués Diario de Noticias el 17 de noviembre de 1990.
[31Ibid.
[32] No se especifica autor, «Manfred Woerner explica Gladio. Investigadas ligacoes a extrema-direita», diario portugués Expresso, 24 de noviembre de 1990.
[33] Joao Paulo Guerra, «’Gladio’ actuou em Portugal», publicado en el diario portugués O Jornal el 16 de noviembre de 1990.
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