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Saturday, March 19, 2016

RECETAS DE VIDA----- FERNANDO ALVES ENTREVISTA VITOR BROTAS





RECETAS DE VIDA------VITOR BROTAS

Fernando Alves: Vítor Brotas es médico en el “Hospital dos Capuchos”, no tiene celular, pero puede ser encontrado, fácilmente, durante todo  el día, en Medicina 3. Cuando llego, a la hora convenida, ya después de terminar su turno de ese día, preparo la grabadora para la entrevista sobre el trabajo clínico y también sobre las esculturas que va haciendo con los troncos de los árboles abatidos por la “Câmara Municipal de Lisboa”. Me pide que espere algunos minutos más, mientras va a ver que está sucediendo con un enfermo que grita al fondo de uno de los pasillos sombríos del hospital. Le pregunto si, al final de un día de intenso trabajo, un gemido al fondo del pasillo aun es una alarma para sus oídos, pero él no parece poner mucha atención a esta pregunta excepto por el hecho de que ella nos regresa hacia el desespero del dolor y como si, deliberadamente quemase etapas, comienza a hablar de una casi obsesiva atracción por el ejercicio físico, compartiendo el episodio de los tiempos en que practicando  el “BTT”, se convenció de que era, como el mismo lo dice, un gran atleta, preparándose para entrar en prueba con una actitud muy competitiva.

Vítor Brotas: La primera prueba en la que entré así…muy en serio…más a serio, fue en las “24h do BTT” que se realizaron…las primeras en Portugal…en Vila de Rei. En ese año quedé en 2º lugar y yo creía que era el más grande. De esa forma alimenté una cosa que es desagradable, porque el querer ganar alguna cosa, es una completa banalidad, porque cuando las personas quieren ganar algo, pierden su alma. Que significa eso?

Es porque después uno se desvía por otro tipo de actitud, una forma, un tipo de comportamiento, un tipo que es obsesivo, que es estúpido, porque la familia queda apartada; después uno desea entrenar esto, entrenar aquello, después viene también la profesión  y eso…y por lo tanto mi familia sofrió mucho con eso.

Después hice una 2ª prueba. La cosa no salió totalmente bien y en la 3ª prueba yo quería ganar aquello, que es la peor estupidez que nos puede suceder. Entonces en esa prueba yo me fregué; tuve un accidente muy violento y caí. Inmediatamente me di cuenta de que era una cosa grave; comencé a ver mi barriga a palpitar y aumentar de volumen, tenía una ruptura muy grande en el abdomen y comencé a desmayar. En ese momento pensé que en efecto iba a morir y pensé así (estaba en el medio del mato, en el medio de todo aquello, de unas piedras) y pensé: ”Bien, esto es el último momento”, (porque como soy médico, percibí la gravedad de la situación y creía que estaba con una hemorragia interna).

Pensé: “Bien, estos son tus últimos momentos; pero repara bien que tuviste una vida buena, hasta ahora, con tantas cosas!”

En efecto, yo viví una vida feliz hasta hoy! Es una cosa…parece como si las pasarelas se extendieran al frente y es solo pasar por ellas con placer, con gusto, con todo lo que la vida tiene de bueno y me lo ha dado y yo dije, (en esa época, no recuerdo cuantos años tenía, 44, 45 o 46, no recuerdo bien) y pensé: “esta también es la edad para morir. Está bien, es solo terminar y listo! Es todo lo que tienes, tu cuerpo y todo eso va  a ser compartido, también las moléculas, todo será compartido. Es una división que tú tienes, es una buena cosa, viviste una vida muy buena”.
Efectivamente es una cosa extraña, pues las personas dicen que cuando pasan por estos momentos muy desesperantes, se les pasa por la mente como que una película de sus vidas. Para mí fue el recordar y reconocer que tuve una vida muy buena hasta hoy.
Yo siempre me siento de vacaciones: cuando vengo para el hospital, cuando vengo para los sitios, cuando vengo a trabajar, etc. Conozco personas nuevas todos los días, conozco historias nuevas todos los días, conozco personas que me brindan sus historias de corazón abierto, a veces desde lo más íntimo de sus seres. Eso para mí es un placer inmenso.

Después el otro placer es poder ayudar a las personas, poder estar con ellas; ponerme a su lado es otro placer inmenso. Realmente esta vida me ha proporcionado mucho.

Fernando Alves: y estando rodeado de sufrimiento…para Vítor Brotas ese es uno de los dilemas más perturbadores de esta profesión.

Vítor Brotas: A veces me siento un poco solo en esta cuestión del sufrimiento, porque escucho las cosas, convivo con ellas y muchas personas…ayudo a muchas personas en el momento de su muerte, ayudo a muchas personas en un momento de sufrimiento intenso y comparto eso solo conmigo. Por qué ir para la casa y contárselo a mi mujer? Para qué contárselo a mis colegas? Por qué compartir esto? Eso queda para mí. Eso me causa algún sufrimiento personal es cierto, pero yo también sé que alguien lo tiene que hacer. Y a mí me anima hacerlo. Pero, en efecto, eso que dice…el sufrimiento es una cosa que me impresiona mucho, el sufrimiento de otras personas, el mío, el de todos, es una cosa que me impresiona mucho. Pero es algo que guardo para mí y por eso a veces yo necesito de pequeñas escapadas, pequeñas exteriorizaciones que no sean solo medicina, por lo tanto, me dedico a otras cosas que no tienen nada que ver con la medicina.

Fernando Alves: Y eso explica la apuesta en la BTT y en el ejercicio físico. Vítor Brotas abandonó apenas la actitud competitiva, no el gusto por el ejercicio físico y la bicicleta, pero borró del mapa el lugar donde iba perdiendo la vida.

Vítor Brotas: Abandoné la BTT. No regresé más a ese lugar y monto en la bicicleta apenas para dar un paseíto con mi mujer y eso ya es mucho.

Fernando Alves: Pero Vítor Brotas no está contra la BTT…o antes por el contrario?

Vítor Brotas: Yo no desaconsejo a nadie que haga BTT, incluso porque es muy interesante y hay otra cosa muy divertida, es decir, en esa época cuando yo estaba muy entrenado tenía la sensación de que no conseguía cansarme y podía montar en la bicicleta e ir directo, por ejemplo…ir hasta…de Coruche a…no sé. A Mora u otro lugar cualquiera, sin ir por calles ni nada; iba muy tranquilo, no tenía problemas, por lo tanto aquello es muy agradable. El problema está en cuando uno se arriesga por ejemplo, para intentar ganar alguna cosa, para llegar antes que los demás o algo así.

Ese tipo de actitud, de comportamiento es arriesgado y yo creo que debe ser reservado para especialistas, para personas que hagan de eso y que hagan eso con calidad. No como yo que apenas me montaba en la bicicleta y fuerza en las piernas y a pedalear. No tenía aquella habilidad intrínseca que muchos niños tienen y que ya nacieron a caballo en la bicicleta.

Fernando Alves: Para el médico al que le gusta el ejercicio físico pero rehúsa la competencia obsesiva, el placer de largos paseos en bicicleta por el campo aun subiste, viendo aquello que la prisa de las autopistas no nos deja ver.

Vítor Brotas: Cuando vamos de bicicleta los animales…salvajes, aquellos animalitos que nosotros vemos, no se dan cuenta de que está viniendo un hombre, porque no hay aquel pisar de los pies al caminar e entonces nosotros podemos acercarnos e ver…conejos que huyen, liebres, no sé… (y allá en mi zona hay personas que crían faisanes para después usarlos en cazadas) e incluso faisanes y perdices que se sueltan e esto y aquello…es muy interesante observar todos esos aspectos.

Pero todo en la vida pasa por fases y yo tuve el gusto de pasar todas esas fases y muchas otras más en la vida. Y las retengo a todas, las aprecio a todas y me encanta recordarlas todas.

Hace poco, por ejemplo, ud. me preguntó si yo retengo estas pequeñas historias. Yo tengo mucha dificultad con los nombres. Por ejemplo, recordar inmediatamente el nombre de las personas es difícil para mí, pero como en medicina nosotros entrenamos siempre pequeñas historias, para mí no es apenas un nombre. Me acuerdo del nombre completo de una persona por la musicalidad que ese nombre contiene; pero no me acuerdo del primer nombre de esa persona inmediatamente. Pero si esa persona me dice su primer nombre, yo le digo el nombre completo por la musicalidad.

Esa música que está en el oído es muy importante, porque nosotros en medicina nos habituamos a oír y retener pequeñas historias. La persona que nos cuenta que tiene este dolor así y así, que surgió en aquel momento y que tiene… no sé…pero que también tiene un perrito que se llama…todo eso es la persona. Pero no es solo aquello que es la persona, es decir, el médico debe tomar en cuenta todo lo que la persona dice, no solo por palabras pero por los gestos, por la mirada, lo que no está expreso en palabras.

Fernando Alves: Pero Vítor Brotas retiene más que palabras, gestos o miradas, de sus enfermos.

Vítor Brotas: Yo consigo notar incluso el perfume que la persona trae puesto, si es nuevo o no y se lo digo: ah ud. hoy trae un perfume nuevo,-Si! y como lo adivinó? Ah la otra vez era otro perfume. Yo no sé cual era, pero sé que era distinto, porque aquello queda retenido en mí. Por ejemplo el caminar de la persona; yo consigo percibir quien es la persona que está llegando solo por sus pasos. Para mí todas estas señales son el conjunto de alguien y son muy importantes.

Hace poco cuando yo le pregunté dos veces cual era su nombre yo no sé si se quedó pensando: “este tipo es medio chiflado”, pero no. En efecto tengo alguna dificultad con los nombres inicialmente, pero es porque las personas, para mí, son mucho más que nombres: son olores, son afectos, son una cantidad de cosas. Eso yo lo retengo. Lo aprendí con la medicina pero ya lo había aprendido mucho tiempo antes, porque yo soy de una aldea y en las aldeas uno aprende mucho más cosas que en la ciudad.

Fernando Alves: La aldea donde nació se llama Erra. Ora, Erra, es como el nombre que lo obliga a acertar siempre?

Vítor Brotas: No. Lo que nosotros tenemos, siempre, es mucho orgullo de nuestra tierra. Siempre nos parece que nuestra tierra es la mejor de todas, pero aquella tierra es muy especial. Cuando yo viví allá aún era un niño y fui niño de pies descalzos, andaba descalzo durante el verano y durante el invierno teníamos botines de goma (los que los tenían) para andar encima de las pozas de hielo y de todas aquellas cosas; pero lo más gracioso en aquella tierra en esa época en que yo viví allá, es que ella parecía haber parado en el tiempo. Las casas eran de adobe, el piso era de tierra calcada. Y cuando las viejitas aguaban la casa durante el verano para no levantar polvo (porque aquello levantaba polvo) nosotros los niños íbamos allá descalzos y hacíamos diseños en el piso, lo que lógicamente las dejaba muy molestas; también resbalábamos en sus asientos, etc…

Era muy divertido, viví una juventud muy divertida allá.

Fernando Alves: Iba jugar al Sorraia o era lejos?

Vítor Brotas: El Sorraia, sí. Aunque el Sorraia era un problema, porque yo nunca supe nadar, nunca aprendí e nado muy mal; por lo tanto tuve siempre una cierta mala pata para el agua, pero íbamos a los baños al Sorraia, íbamos a los Pegos, robábamos fruta, hacíamos todas aquellas cosas que los muchachos hacen. Éramos unos muchachos muy, muy, muy traviesos. Es casi raro el día, que yo me acuerde, en que no llevaba unas palmadas de mi padre u otra persona cualquiera, porque los muchachos eran realmente, terribles.

Fernando Alves: Pues, fue justamente en esos días de una felicidad errante, en una aldea cerca de Coruche, que el aún joven Vítor Brotas, encontró los senderos decisivos para sus elecciones profesionales, más adelante.

Vítor Brotas: Yo era un muchachito aún, cuando mi padre muy joven también (una cosa que es muy rara) enfermó del mal de Parkinson. En esa época no existían tratamientos, es decir, la primera medicina que hubo disponible en ese tiempo fue el ARTANE que era el TRIEXIFENIDIL, pero aquello no hacia gran cosa.

A propósito de esto hubo historias muy interesantes. Mi padre fue operado por un médico (no voy decir el nombre), a la enfermedad de Parkinson,  lo que se dice una TALAMOTOMIA SUBCORTICAL, que era lo que se hacía en aquel entonces. En ese tiempo, ese médico que trabajaba en los Capuchos, lo operó en una clínica privada. Pero nosotros éramos una familia muy pobre y yo quedé muy impresionado. Yo tenía 6 años y cuando estábamos esperando a mi padre (mi padre vino en el taxi del sr. João de Cavaco, que era... uno, de los pocos, taxis que había en Coruche).

Y mi madre nos dijo, (nosotros estábamos sentados en un pequeño sofá que teníamos allá en la casa) y mi ella nos dijo:” ahora uds. (éramos tres hermanos, uno había muerto), uds. van a buscar sus cochinitos e darle todo el dinero a su padre, porque la operación fue muy cara”. Yo recuerdo que en esa época la operación custó 16 “contos”.

Me quedé muy  impresionado. Como es posible que alguien tan pobre, como lo eran mis padres, aún había podido tomar 16 contos para pagar al médico que lo había operado en régimen privado? Parece que fue  imprescindible…total…no importa, pero me quedé muy impresionado. Aquello me tocó muy adentro. Cuando ofrecimos el dinero a mi padre, me acuerdo de haberlo visto llorar por primera vez en mi vida, yo nunca lo había visto llorando y eso me marcó.

Pero una vez, a las 5h de la mañana, estaba yo en el servicio de urgencias  cuando me llegó un paciente  que se había intoxicado intencionalmente, con una medicina, un barbitúrico. Quien era esa persona? Era el médico que había operado a mi padre. Y ese colega quedó unos momentos allí y yo pensé:  “Hay que ver como son las cosas…”y con el venían el hijo y la esposa los cuales no estaban de acuerdo: uno quería que el padre se salvase lo que es muy fácil pues con los barbitúricos es muy fácil, pero el otro no quería, porque decía  que si ele había creído que ese era el momento de morir…y todo ese enredo…quedó un poco en mis manos todo eso y yo me quedé allí hablando con ellos y así…a conversar un poco pero después llegamos a una conclusión sobre lo que se debería hacer. Pero las historias tienen estos desenlaces e tienen estas cosas a veces. Eso me quedó en la mente.

Fernando Alves: Y eso sucedió en este “hospital dos Capuchos”, donde conversamos ahora.

Vítor Brotas: Yo no quería contar esta historia, pero esto es para decir que este pequeño pormenor fue de gran relevancia para mi vida, porque me suscitó y creó también un deseo: me gustaría mucho poder ofrecer algo a alguien, algún día, pero que fuera aún más gratis, aún… mucho más gratis, tan gratis que las personas no tuviesen que hacer ningún esfuerzo para que les sucediese algo bueno a alguien.

Fernando Alves: Eso era aún, ya era, el pensamiento de un niño de una aldea, cerca de Coruche.

Vítor Brotas: Pero era también el pensamiento de un niño. Por ejemplo, mi padre comenzó a venir a las consultas a los Capuchos por la enfermedad de Parkinson. Y fue muy interesante, porque él lo hizo aquí en Portugal, en la época del lanzamiento del L’DOPA, que fue la mejor medicina que apareció hasta hoy. Actualmente aún tenemos la fórmula LEVÓGIRA  de la L’DOPA, porque en ese entonces la L’DOPA era la mezcla RACÉMICA, pero ahora es la fórmula LEVÓGIRA. Aún la tenemos y es muy eficaz. En esa época la L’DOPA llegó a Portugal donde se hizo un ensayo de fase dos, que era un ensayo de toxicidad conducido por el profesor António Damásio, que ahora está en los Estados Unidos y por el dr. Carlos Macedo, aquí en los Capuchos.

Mi padre entró en ese estudio. Y desde entonces quedó siendo atendido aquí en los Capuchos. Yo venía, (un niño aún de pantalones cortos) y así…a buscar L’DOPA al hospital para llevarlo a mi casa y todo eso…es muy interesante que el médico que después se quedó tratando a mi padre era un colega (que yo tampoco voy a decir su nombre), que después vino a ser un colega, pues en esa época yo tenía unos 11,12 o 13 años y venía a la consulta acompañando a mi padre y me quedaba impresionadísimo.

Era un hombre muy delicado, extraordinario, convivía con los enfermos con tanta bondad, con una manera de ser absolutamente extraordinaria que yo jamás había visto en nadie, jamás. Y cuando mi padre venía con otra persona, que no era conmigo y mi madre (mi madre siempre lo acompañaba), pero cuando llegábamos a la casa y a la hora de la comida en el mesón (el sitio donde se matan los puercos, esa era nuestra mesa).

Estábamos allá comendo y yo escuchaba con una admiración enorme, las historias que mi padre contaba de aquel doctor que lo había visto: y el dr. Tal me vio… me dijo…no sé qué…y yo quedaba…Ese fue el hombre que me condujo a la medicina, porque fue el testimonio de mi padre, la forma como mi padre hablaba de tanta bondad, de su manera de ser, de su forma de estar, de la delicadeza con la que trataba a sus pacientes y todo eso;  eso fue el indicador de mi camino.

Fernando Alves: Llegó a conocer a ese hombre, o no?

Vítor Brotas: Si. Claro. Y muy bien. Incluso hice mi pasantía con el también  y nunca se lo conté.  Nunca le conté que él había sido determinante para mi elección de la medicina. Nunca se lo conté…

Fernando Alves: Hizo pasantía con él?!

Vítor Brotas: Hice mi pasantía con él, a propósito. Nunca se lo dije. Él era neurólogo. Para mí era una persona extraordinaria. Para todo el mundo, era un hombre de una gran clase. Un gran neurólogo pero sobre todo, un hombre muy bueno, de una gran bondad. Y yo aprendí mucho con él. Yo también iba a sus consultas y todo eso. Una vez, se abatió una gran desgracia en su casa: un hijo suyo falleció con una enfermedad (el hijo era muy joven aún tenía 19 años y también fue atendido aquí en los Capuchos), pero era un cancro y falleció. E después él también tuvo la misma enfermedad del hijo, pues esta era hereditaria. Entonces yo me dije a mi mismo:” Y esta? Que rayos…es ahora que debo contar a mi colega lo que sucedió?”

“Es que en la vida siempre hay un tiempo cierto para contar las cosas; ya debería habérselo contado. Ahora que todo es desgracia es como si fuese una cosa así…pos-crisis…ehh, ahora  voy a contarte esto para animarte; no. Después me decidí y le dije: Oye amigo, tengo que contarte algo”. Y se lo conté todo. Mi colega quedó muy impresionado y yo también. Nos quedamos abrazados y todo, incluso porque los dos también tuvimos una colostomía; la mía cuando sufrí el accidente durante 6 meses y él en ese momento. Cuando yo tuve la mía el me abrazaba de vez en cuando y me decía:” ya están ellas abrazándose”…en la colostomía…que era para darme ánimos.

Después nos abrazamos de una forma más íntima, más personal, porque mi historia de vida había sido trazada por él. Yo estuve con él, conviví con él y aquella forma de ser me ayudó también a tener mi cierta forma de ser.

Fernando Alves: Vítor Brotas no se cansa de hablar de ese hombre por quien un día, aún muchachito, deseó ser médico.

Vítor Brotas: Él era un hombre de una bondad extrema, un individuo fabuloso (espero que me esté escuchando), pero él sabe eso, él sabe que yo sé que él es un individuo fabuloso y que me hizo alimentar este querer llegar a ser, porque yo era un muchachito, tenía 12, 13 años, 11 años, 12 talvez. La primera vez que vine aquí al hospital dos Capuchos yo tenía 11 años, ya estudiaba en el Seminario, (porque yo estudié en el seminario para ser padre). Un día vine acá al hospital dos Capuchos con 11 años, porque del seminario nos trajeron a todos a visitar el jardín zoológico. Entonces yo y mi hermano dijimos: Oye ya que estamos aquí, vamos aprovechar para ver a nuestro padre, nos vamos en uno de aquellos viejos taxis. Y de repente llegamos allá y le  caímos en la sopa a nuestro padre que quedó sorprendido y nos dijo: pero entonces uds. están aquí? Pues…vinimos por aquí y vinimos ambos a verlo.

Tenía 11 años cuando vine aquí, es decir, aquí al Hospital dos Capuchos. Pero ese hombre me dejó una marca indeleble.

Otro hombre que fue relevante para mi carrera, fue el dr. Camilo, que era el médico de la aldea. Y yo quedé muy impresionado con el dr. Camilo también por muchas cosas: la primera fue cuando mi madre me contó que desde la primera vez que mi padre fue a la consulta, el dr. Camilo con apenas pequeños indicios dijo que mi padre padecía de la enfermedad de Parkinson aun siendo tan joven. Yo ahora reconozco que probablemente ni el 90% de los médicos consiguen hacer eso. Y quedé muy impresionado con el también por otros muchos motivos, incluyendo que fue él que me trató del brazo partido y porque era el médico de la aldea y de la villa y de Coruche y todo eso. El dr. Camilo fue también un hombre muy importante y que me dio muchas cosas buenas.

Fernando Alves: Reparo que ya usó varias veces la palabra bondad y sabiendo que estudió en el seminario, puedo deducir que esa palabra resulta de una especie de vocación?

Vítor Brotas: El por qué decidimos unas cosas en detrimento de otras, no sabemos. Hay un conjunto de contingencias. Hay esto, hay lo otro y no es apenas nuestro querer el que cuenta. Son varias cosas que en dado momento somos incapaces de medir. En relación al seminario fue lo siguiente: el seminario me dio muchas cosas buenas. Yo estuve allá 4 años, me gustó mucho y me trataron muy bien. Quedo impresionado al ver como los padres o prefectos que en esa época eran muchachos de 20 y tantos 30 años, eran personas tan bien preparadas para ayudarnos.

Solo había uno que era un poquito arrogante, pero ese…pues…era un pobre diablo. Ahora los otros eran efectivamente muy buenas personas, nos enseñaron mucho, nos ayudaron mucho. Fueron grandes educadores, eran personas muy buenas. Pero yo perdí la fe en ese sentido, aquella fe como católico, como creyente en Dios que acompaña el Hombre mientras el Hombre anda en este mundo. No creo en eso. Creo más en otro tipo de cosa, en la…

Fernando Alves: En la Humanidad…

Vítor Brotas: En la Humanidad…en cosas así. Creo más en eso. Yo pertenezco a un tipo de médicos que son los generalistas. Yo…cuando ud. me preguntó: entonces pero ud. es especialista en qué? Yo le respondí: yo soy banalista. Yo divido la actividad médica en especialistas y no-especialistas. Yo soy un, no-especialista. Las personas que dicen: ah pero ud. es un especialista? – no. Yo no soy un especialista; creen que porque decimos que no somos especialistas nos estamos menospreciando. No es nada de eso. El especialista no lo es por ser una persona especial, nosotros no somos nada especiales y aquel especialista que es especialista de los ojos, no es nada especial, ni es más ni menos que yo, ni es más esto ni aquello…la especialidad es lo siguiente: es dedicarnos a determinados pormenores.  Es dedicarnos profundamente a cosas estrechas. Eso es un especialista, se dedica profundamente a cosas relativamente angostas. 

Un Internista, un cirujano general, un pediatra, etc…y todo por ahí adelante. Un clínico general y así, se dedica al conocimiento eclético, que es aquel conocimiento más general, más extenso. Y a mí me gusta decir que soy un banalista, especialista en cosas comunes, soy un individuo que va a todo, el 90 y tal por ciento de las cosas que se presentan en la medicina, yo consigo abordarlas y darles orientación y pues…después existen allí pequeños pormenores que yo tendré que tener, efectivamente, el buen sentido de pedir ayuda a un llamado especialista que es un individuo que conoce las cosas más a fondo. Pero dentro de esta área, los médicos generales a los cuales yo pertenezco, el internista es un médico general, es especialista porque sacó una especialidad, pero no debería ser considerado especialista.

Dentro de esto que yo considero médicos generales como yo soy, la bondad es una virtud, no un defecto. Es claro que también la eficiencia  y el ser un buen técnico, y tenemos que ser realmente cada vez más buenos técnicos, tenemos que tener el material a mano para que podamos verificar si estamos haciendo todo bien, tenemos que tener buena información médica, tenemos que estar actualizados, tenemos que tener  acceso inmediato a lo más correcto y a lo que está científicamente comprobado y todo eso. Pero aquella otra parte, la bondad, la disponibilidad, el hecho de no tener la palabra “no” en la boca, el no…ah eso ahora no…eso no…ese no, no puede existir. Nosotros debemos tener siempre la palabra SI, estar disponibles tener una cosa arrecha que voy a decir (y que mi mujer va acabar conmigo), pero yo digo: “tener las piernas abiertas” eso se entrena recorriendo el camino.

Fernando Alves: Por eso, aquellos gritos de hace poco al fondo del pasillo lo obligaron a soltar todo e ir corriendo a ver lo que pasaba aun cuando ya había desvestido la bata y permanecía en el hospital, apenas porque lo invitamos aquí a una entrevista.

Vítor Brotas: No todos los gritos me hacen salir corriendo, pero todos  me despiertan aquello que habla del sufrimiento y la necesidad de ayudarnos, todo eso…incluso porque en este hospital  hay un tipo de enfermos, es decir, todos los hospitales ahora están…las personas que están en los hospitales están muy enfermas.

Las personas que están moderadamente enfermas están en sus casas, nosotros podemos tratarlas en el consultorio. Las personas que están en el hospital están realmente muy enfermas. E infelizmente, también tenemos muchas personas que están en el hospital para morir, en circunstancias de vida muy…circunstancias muy difíciles. Tienen dolores, dificultades para respirar, están débiles, nao tienen fuerza para comer o bañarse solos, todo eso…por lo tanto nosotros estamos muy habituados también a prestar apoyo a estas personas en la fase final de sus vidas. Y es una cosa que nos apena mucho también y que llevamos siempre para la casa.
Pero en relación a esta cuestión de la actividad médica y del sufrimiento humano y todo eso, hace algunos años antes del nacimiento de mi hija (yo solo tengo una hija) yo pensaba que había un grupo de personas a las cuales yo nunca podría dar mi tiempo o dar algo de mí mismo, que eran las personas ligadas al mundo de la drogadicción y esas personas así, porque yo creía que era muy injusto que ellas se dedicasen a eso…yo lo veía como una oportunidad que ellas tenían o como una opción que ellas elegían.

Cuando mi hija nació yo me quedé con aquella sensación que todos los padres tenemos: que los otros también son nuestros hijos. Es decir, cuando nos nasce un hijo, tenemos la sensación de que los hijos de los demás también son nuestros hijos. Y entonces comencé a mirar a esas personas y a pensar: “pero estos también son hijos de alguien, como es posible que tu no estés disponible para esta gente?”

Entonces comencé a disponer de tiempo para los centros de drogadicción, para los casos de los centros de drogadicción de las comunidades terapéuticas, de estas organizaciones no gobernamentales, de todo eso. Y comencé a ser como un ejemplo, debido a mi actitud para con estas personas, por la forma como las trataba, porque las trataba con cariño, con respeto  como deben ser tratadas y todo eso comenzó a correr de boca en boca y decían que yo también era el médico de esas personas.

Fue muy interesante, cuando yo estuve enfermo de mi accidente, estuve algunos meses (incluso estuve 1 mes internado) y todo eso…y todos esos colegas que apenas me conocían por teléfono, pero no me conocían personalmente, todos ellos supieron que yo estaba enfermo, porque estas personas que eran sus pacientes también, se lo decían. Incluso en la calle la gente sabia:” mira el Brotas está enfermo. Tuvo un accidente, no sé qué…” toda esta gente me conocía y yo los conozco a todos en la calle y conozco a todas estas personas.

He tenido lecciones de vida muy bonitas con estas personas. Primero: gran parte de ellas son personas muy buenas. Cuando se recuperan quedan muy agradecidos a la vida y vale mucho que invirtamos nuestro tiempo con estas personas, vale mucho la pena. Algunos de mis colegas me dicen: “entonces tu andas a tratar de ese individuo así tan bien sabiendo que dentro de poco él va salir de aquí y hacer lo mismo de siempre, anda en la calle, se droga, cae al piso no sé qué…” pero vale la pena aunque sea solo por el tiempo en que ellos vivieron relativamente bien, con comodidad, con cariño, con comida, con ropa lavada y con alguien que los escucha y los quiere; yo creo que eso es algo muy bueno.

Fernando Alves: Y cuando le muere un enfermo, como se siente?

Vítor Brotas: Cuando la persona está sufriendo, cuando ya no hay solución y pudimos aliviarle algún sufrimiento en esos días y la persona termina por morir, yo me siento aliviado y confortado, porque nosotros tenemos que morir. Lo que debemos hacer es tentar morir, sin mucho sufrimiento y la familia debe hacer su luto, por lo tanto me siento en la paz de los dioses.

Si se muere alguien que no era supuesto morir, entonces ahí si es otra cosa. Porque lo primero que me sucede frecuentemente es cuestionar mi profesionalismo; si soy o no un buen médico. Eso es algo que me aflige constantemente, es decir, yo voy para la casa pensando: “pero yo sirvo para algo? No sirvo para nada? Soy buen médico, no soy buen médico?...hago mi profesión con calidad o no? Que hago aquí?”. Ya muchas veces pensé en desistir.

Algunos colegas y sobre todo alumnos  (que yo también doy unas clases) e internistas que me dicen: “estás loco, tu eres un buen médico y tal”. Pero la idea de desistir ya me pasó por la cabeza muchas veces y decir: “eh hombre, no estás en nada…yo que lo voy es salir de esto, no sé qué…” después si en efecto se muere alguien que no debía morir o por ejemplo, si tengo a alguien que aún no se bien lo que tiene, si tengo aquella dificultad de diagnóstico, aquel pavor del vacío que todos los médico sienten, es una angustia muy grande.

Fernando Alves: Y cuando le sucede una angustia de esas le provoca refugiarse en Coruche y entregarse a la escultura en troncos de árboles? Está habituado a enfrentar la angustia con el cincel?

Vítor Brotas: Con el cincel, con la motosierra, con las lijadoras, las pulidoras, con todo eso. Pero esa no es la cuestión.

Yo no voy a los árboles con rabia!

Esta cuestión de los árboles fue interesante. Cuando yo caí de la tal bicicleta mi mujer quiso dirigir mi energía alternativa para otra cosa. Entonces me pagó un curso de escultura en madera en la Fundação Ricardo Espírito Santo Silva y yo aprendí con el maestro Manuel Abrantes, que era un hombre excepcional. Entonces me enseñó aquellas nociones básicas para hacer esculturas.

Comencé por esculpir, hacer aquellas flores, las hojas de acanto, todas esas cosas, la poncha no sé cuántos…y después en cierto momento comencé a encontrar que la madera tenia algunos aspectos curiosos, porque como sabe madera tiene un radical latino muy interesante, porque es madera-mater, materia madre. Todo esto viene de lo mismo y en la cultura china, por ejemplo ella es también uno de los elementos primordiales de la Tierra así como nosotros tenemos Tierra, Aire, Fuego y Agua. Ellos tienen la madera que también es un elemento primordial de la cultura china.

 A mí me pareció muy interesante esto de la madera, porque esta nos acompaña desde siempre. La madera acompaña la Humanidad en muchas fases, sin hablar de los árboles que nos acompañan en nuestra vida, es decir, el árbol vive mucho más que nosotros y nos ve crecer y tal…y después morir y todo eso. Y a mí me pareció muy interesante porque, por ejemplo, los primeros árboles con los que trabajé, sucedió así: 

Aquí en el Hospital dos Capuchos habían ocho” Sophoras Japónicas”, que eran unos árboles que estaban aquí en el hospital (no voy explicar porque motivo, sería mucho tiempo gasto y no vale la pena ), pero la “Sophora” vino del Oriente para acá, de la China para acá, por un rey francés (tampoco vale la pena explicar eso y los motivos), pero allí al final del siglo XVIII y después al final sobre todo del siglo XIX, fue cultivada en muchas ciudades como árbol decorativo por varios motivos.

Ellas estaban acá en los Capuchos y para construir el departamento de tratamiento del cáncer, en el área de Oncología, el Departamento del Hospital de Oncología, se arrancaron, se cortaron seis” Sóphoras” y yo estuve leyendo algo sobre ellas y encontré muy curioso que dentro de los árboles, la “Sóphora” es la más importante para la medicina china. Dentro de los árboles, porque existen muchas plantas en la cultura de la medicina china, pero dentro de los árboles ella es la más importante.

También me pareció muy curioso que ella es usada para muchas cosas en la China: como diurético, etc. Etc…y posee un alcaloide (una substancia química), un alcaloide que se extrae y que sirve para tratar el cáncer. Eso me pareció muy curioso, que precisamente en el sitio de donde se arrancan los árboles que sirven para curar el cáncer, se construya el departamento de oncología.

Después el profesor Pereira Alves que era el Director Clínico del hospital, o el director del hospital, ya no me acuerdo, él que me disculpe, pero no importa, dijo:
-Dejen por lo menos dos (pero él conocía la historia de las “Sóphoras”) fue él que dijo:

-Hay dos que no se arrancan.

Y una quedó incluida dentro del departamento para tratar el cáncer, incluso se ve muy bonita, metida  allá dentro y la otra a la puerta. Aquello me gustó e dije:

-“Muy bien. Es precisamente en un árbol con historia que yo voy intentar trabajar y darle alguna expresión”. El árbol naturalmente ya tiene su propia expresión porque…por varios motivos; porque el sol anda de un lado para otro y ella gira en el sentido…su crecimiento gira en el sentido de como el sol la acompaña, después el viento, después no sé qué más…por lo tanto el árbol tiene su expresión estética  que nosotros también podemos explorar. Por eso, explorando un poco, esa expresión estética, quise exaltar uno de los árboles que para la cultura china es muy importante. Y quien quiera saber más puede ir a la NET y ver lo que es “Sóphora Japónica”, que actualmente se llama “Styphnolobium Japónico”, por otros motivos, porque ya no pertenece a la variedad, por varios motivos, porque…no puedo explicar todo porque hay mucho que decir…no tiene” Briófitas” en la raíz.

Existe la “Robínia Pseudoacácia”, que es una variedad cercana, pero…el que esté interesado puede investigar porque es tan importante y fue mi primer árbol. Mi proyecto inicial era esculpir los principales árboles de la ciudad. Era la “Sóphora”, la “Robínia Pseudoacácia”, por otros motivos también y era el pseudo…el falso Incienso, porque ellos tres tienen una expresión y tienen una historia que vale la pena ser contada y que vale la pena esculpir esos árboles, porque ellos tienen historias interesantes. Es decir, todos los árboles tienen historias interesantes, las ciudades también.

Mi proyecto era el motivo por el cual ellas fueron plantadas aquí y no allí; pero mientras tanto se atravesaron otras cosas en mi camino, por ejemplo, el único almendro que había en mi aldea, la que yo escalé tantas veces para robar almendras al sr. Pinto, una vez llegué allá había habido un incendio y se quemó. Entonces yo llamé al nieto del sr. Pinto que también era médico y le pedí:

-“Oye amigo, déjame tomar ese Almendro, dame ese Almendro”.  Y él  me lo dio. Y aquel árbol que yo había escalado tantas veces cuando era muchacho y que ardió, también fue esculpido por mí.

Fernando Alves: El Almendro de la infancia de Vítor Brotas renació de las cenizas en una escultura hecha por ese hijo de la tierra, el orgullo de Erra, cuyo corazón errante adoptó la bondad como método y regla de vida. El médico que nunca dice no, de los Capuchos, anda ahora ocupado en hacer guitarras, porque el objetivo es una investigación sobre los prodigios de la madera en los misterios de la acústica. Es una nueva pasión de un médico al que le gusta la madera y la escultura. Pero de la guitarra hablaremos en otra emisión de la TSF en una noche de estas.

Transcripción y traducción: Lúcia


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At midday on Friday 5 February, 2016 Julian Assange, John Jones QC, Melinda Taylor, Jennifer Robinson and Baltasar Garzon will be speaking at a press conference at the Frontline Club on the decision made by the UN Working Group on Arbitrary Detention on the Assange case.

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