LOS EJÉRCITOS SECRETOS DE LA OTAN (XI)
La guerra secreta en los Países Bajos
No se sabe lo que hizo el Gladio en los Países Bajos. Pero, dado su origen nacional y la independencia que caracterizaba a la red neerlandesa, el gobierno nacional reconoció su existencia sin mucha dificultad a raíz del escándalo italiano de 1990 y creyendo que podría negar su subordinación a la OTAN. Ese error en la estrategia de comunicación permitió comprobar oficialmente en los Países Bajos lo que los demás gobiernos europeos se negaron a confirmar: los ejércitos secretos de la OTAN se dedicaron de hecho a subvertir el orden democrático en Europa Occidental. Y su disolución oficial en 1992 no pasa de ser una cortina de humo.
RED VOLTAIRE | BASILEA (SUIZA)
- La villa Maarheeze, sede de los servicios secretos exteriores (Inlichtingen Buitenland) y del stay-behind neerlandés.
Este artículo es parte de la serie:
- «Cuando el juez Felice Casson reveló la existencia del Gladio…»
- «Cuando se descubrió el Gladio en los Estados europeos…»
- «Gladio: Por qué la OTAN, la CIA y el MI6 siguen negando»
- «Las cloacas de Su Majestad»
- «La guerra secreta, principal actividad de la política exterior de Washington»
- «La guerra secreta en Italia»
- «La guerra secreta en Francia»
- «La guerra secreta en España»
- «La guerra secreta en Portugal»
- «La guerra secreta en Bélgica»
Al igual que en la vecina Bélgica, el ejército secreto stay-behind de los Países Bajos tiene su origen en la ocupación que sufrió esa nación durante la Segunda Guerra Mundial. Los Países Bajos, como habrían de deplorar posteriormente los estrategas neerlandeses, no habían establecido ningún tipo de red stay-behind antes de la guerra, por falta de financiamiento, de previsión y también de interés dada la relativa neutralidad neerlandesa. Pero, en mayo de 1940, el ejército alemán invadió el país, viéndose así obligados el gobierno, la familia real neerlandesa y una serie de personalidades privilegiadas a huir de forma precipitada y desordenada hacia Gran Bretaña. La sección de inteligencia del Estado Mayor neerlandés, conocida como GS III, había tardado demasiado en dar la alerta en el momento de la invasión alemana, fracasando así de forma lastimera en lo que constituía su principal misión. La tardía debacle provocó numerosos problemas de funcionamiento en el plano logístico y los ministros que llegaron a Londres en mayo de 1940 enfrentaron enormes dificultades para ponerse a trabajar ya que ni siquiera disponían de numerosos documentos fundamentales. Para muchos, en el seno del ejército y los servicios secretos, era evidente que había que hacer el máximo para evitar en el futuro la repetición de una derrota tan caótica. Y también estaba claro que, en cuanto terminara la guerra, sería necesario emprender los preparativos para hacer frente a una posible nueva invasión.

